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El
viernes, Javier de Urquiza presentó su renuncia
como secretario de Agricultura. Ayer, Cristina de Kirchner
recibió por la tarde a Carlos Cheppi, titular
del INTA, en Olivos. Sería cuestión de
horas que se anuncie ese cambio en el elenco oficial.
La
de De Urquiza, antiguo conocido de Néstor Kirchner,
santacruceño como él, será la primera
baja del equipo cristinista luego de la fatídica
madrugada del miércoles en el Senado, donde el
gobierno, en manos de Julio Cobos, perdió la
pulseada por las retenciones móviles.
Hace
un mes que el renunciado secretario de Agricultura estaba
«desactivado»: no participaba de las negociaciones
con el campo, apenas si pasó por el Congreso
a defender la política oficial y, además,
estaba en guerra con Ricardo Echegaray por el manejo
de la ONCCA.
Apenas
llegó, Echegaray se dedicó a revisar el
accionar de José Portillo en esa oficina y no
dudó en cuestionar la gestión de su antecesor.
Portillo era un hombre de De Urquiza, motivo por el
cual el trato entre ambos funcionarios fue accidentado
y entreverado.
La
derogación de la Resolución 125, anunciada
el viernes por el jefe de Gabinete Alberto Fernández,
fue la excusa perfecta para que De Urquiza presente
su renuncia. Arguyó, no sin lógica, que
con la caída de esa norma terminaba una etapa
en materia de políticas agrarias. Cheppi, en
tanto, se venía preparando para ocupar el lugar.
Participó en algunos debates sobre el tema lácteo
y acompañó a la Presidente a Roma cuando
ésta participó de la cumbre de la FAO.
Fue, de algún modo, su debut anticipado como
responsable de Agricultura.
«Se
terminó la 125, debe empezar otra etapa»,
se explicó desde la oficina que ocupa De Urquiza
desde febrero de 2007, cuando reemplazó a Miguel
Campos -ahora asesor en la materia de Alberto Fernández-,
otro dirigente que generaba tirria entre los chacareros.
Como
Campos, De Urquiza seguiría en algún casillero
oficial. Una larga historia lo enlaza con Kirchner,
de quien fue funcionario en Santa Cruz y a quien trató,
con escaso éxito, de ilustrarlo sobre la particular
idiosincrasia de la gente de campo.
«Pobre
Javier: nunca le pudo hacer entender a Néstor
cómo hay que tratar con el campo», se confesó,
hace un tiempo, un funcionario que opera desde la Casa
Rosada y confiesa aprecio por De Urquiza.
Cheppi
no es, tampoco, un desconocido para Kirchner. Fue, de
hecho, interventor del Consejo Agrario de Santa Cruz
-una de las principales reparticiones de esa provincia,
es la que dispone de los terrenos fiscales- desde el
día siguiente a la asunción del ex presidente
como gobernador de esa provincia. Lo acompañó
en ese cargo hasta setiembre del año siguiente.
Nacido
en Balcarce, formado en Mar del Platacomo ingeniero
agrónomo, ocupó varios cargos en el INTA
durante los años 90 y fue, además, director
del Ministerio de Agricultura y Ganadería de
la provincia de Buenos Aires durante la gestión
de Carlos Ruckauf.
Con
Cheppi se reordenaría la Secretaría de
Agricultura y la intención es volver a convertir
al responsable de ese área en interlocutor con
las entidades del campo, ejercicio que saturó
en los últimos meses a Alberto Fernández.
La oposición le reprochó en el Congreso
al gobierno no haberle hecho caso al INTA en lo que
recomendaba sobre retenciones.
El
de De Urquiza no sería el único movimientoen
el espacio de la gestión agraria. También
en Buenos Aires hay ruidos sobre la continuidad de Fernando
Vilella, a quien Daniel Scioli convocó como ministro
del área pero luego lo convirtió en secretario,
debajo de Débora Giorgi.
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